24 agosto, 2008

El 60%

¡Por fin comenzaron las clases!

¡Qué alegría para todos los niños que ven en la escuela no momentos tediosos de obligación sin sentido, sino oportunidades para conocer más y mejor el mundo que les rodea!

Por lo menos, creemos, ésta es la perspectiva ideal para no atosigar las almas infantiles como si fueran adultos en miniatura.

Pero vamos por partes:

Bruno
Llegó muy contento el lunes por la mañana, aunque después de que dejamos a Ío y comenzó a comprender que era el momento, la sonrisa no le brotaba tan fácilmente, aunque sí la conservaba. Se quedó en la guardería, donde por su edad todavía está admitido para desayunar, y al salir de ella, rumbo al jardín, caminando, lo alcanzamos para acompañarlo en este trascendente viaje de inicio de su educación formal.

Llegamos al salón de su maestra Betty, donde ella recibía a cada niño haciéndole preguntas y platicándole algo, hasta que le tocó el turno a Bruno, quien decía que sí a algo que no alcanzábamos a escuchar y se metió contento, aunque un poco serio por la situación nueva.
... y qué alegría (y descanso económico) cuando supimos que heredaría el tradicional traje verde que tantas amistades motivó el año pasado, con su hermana Ío y sus amiguitos. Así que ahora Bruno es de los verdes, bravo.

Ío

Heredera del uniforme que su mamá portó durante 6 largos años, a Ío la veremos ahora vestida de azul marino y blanco. Es cierto que ahora la combinación luce elegante y sobria, aunque he de aceptar que allá por mi quinto y sexto años de primaria era más bien aberrante, chocante, aburrida por verme así, sin colores, todos los días.

Bueno, pues así elegante llegó Ío el lunes por la mañana, antes de las 8, a su nueva escuela. Allí conocería a la maestra con la que trabajaría toda esta semana, mientras se examinaba a los niños para, el viernes, determinar con cuál de las tres maestras de primero se quedaría.
De momento la emoción que había tenido se manifestó mediante agüita salada, poca, pero incontenible por el enfrentamiento con un nuevo lugar y personas a las que no conocía. Aunque contenta, pero un poco insegura, se quedó. Al salir --a las 10.30, como sería toda la semana--, Ío se veía feliz y nos platicó lo que hizo: escribir un listado de palabras, como rana, pez y otras que ahora ya no recuerdo pero que sí me dijo, sin olvidar su nombre completo.
El martes no fue a la escuela, porque comenzarían las mediciones de los niños, por lo cual asistirían de 10 en 10 durante tres días, y a Ío, por apellido, le tocó acudir el miércoles, día que también salió muy contenta y --a pesar de que también, como TODA LA SEMANA, salió 10.30-- comentando que trabajó mucho.

Ella todavía no lo capta, pero todas las escuelas sobre las que pregunté, trabajaron TODA LA SEMANA Y DE 8 A 12. Claro, que tiempo no es sinónimo de calidad, pero a veces se pregunta uno si la pérdida del mismo sería sinónimo de pérdida de oportunidades de aprendizaje, de pérdida de creatividad para aprovecharlo al máximo, de pérdida de la esperanza de los padres de familia en la escuela pública...

1 comentario:

Anónimo dijo...

En el último año de práctica, viví esa experiencia y como primera impresión sí me pareció una gran pérdida de tiempo porque ahí fueron dos semanas y media las que se ocuparon para realizar estas actividades. Personalmente -no sé si fue porque era mi primer experiencia realizando esta actividad- me sirvió mucho pues observé detalladamente a los niños y conocimos algunas características que los papás desconocían -dándolas a conocer y ayudándolos-, a mi me sensibilizó mucho y también identificamos a los papás más entregados a sus hijos...tiempo después, con la organización de la escuela, se logró alcanzar todos los propósitos pero eso depende del maestro de grupo.... Tengo la esperanza de que en la Anexa suceda lo mismo y que apesar de los años de experiencia este momento sirva para sensibilizar a los maestros y acercarlos mucho a sus niños, quererlos más y cuidar cada una de sus singularidades. Ojo con ese tiempo, es para disfrutar a los niños, conocerlos, quererlos más y no para sólo tomar café...